Enjaulada con barrotes de calma
Me cargue de ira,
Mientras en la pantalla
Se repetía esa película
En la que te escupía en la cara mil verdades
Sometida, bajo las dulces palabras
Me lastimo el odio
Que desde la punta de la lengua
no pudo saltar
sujetado por la doctrina de geisha contemporánea
Lacerada por tus falsas caricias
Cada vez llegando más profundo
Me quede de rodillas
Esperando con rencor, tu compasión
que significaba el olvido
Humillada hasta el hartazgo
Con la triste conciencia del destino
Me perdí en la frialdad de mi condena
Cansada de pelear desde el silencio
la única batalla, que yace sobre mis hombros.
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